jueves, 1 de octubre de 2015

MI HIJO LEE MAL, ¿ PUEDE SER DISLÉXICO?



La dislexia se refiere a un trastorno específico del aprendizaje de la lectura, que conlleva repercusiones negativas sobre la escritura. Es decir, la persona que lo sufre tiene un rendimiento lector inferior al esperado, respecto a su edad, su coeficiente intelectual y su grado de escolaridad.
A pesar de tener un origen neurológico y, generalmente, genético, el diagnóstico de la dislexia suele solicitarse a partir de los 9 años de edad, pocas son las veces en la que la demanda es más temprana.
En general, hasta que el alumno no sufre fracaso escolar o una caída empicada de las notas, no saltan las alarmas para iniciar un proceso diagnóstico. Cuando el alumno tiene buenos recursos y las notas son adecuadas para pasar de curso, no llama la atención.
De hecho, muchos expertos consideran que la dislexia no puede ser diagnosticada antes de los 7 o 7 años y medio; y cierto es, que en edades más tempranas a éstas, los niños están inmersos en plena fase de aprendizaje de la lectura y la escritura y, por ello, es algo que no está correctamente consolidado y pueden darse errores con facilidad.
¿Entonces, debemos esperar a los 8 años en adelante para diagnostica dislexia?
Éste es el gran error que, normalmente, se comente. En la mayoría de casos, estos niños suelen presentar signos de alerta que hacen dudar a padres y profesores sobre la existencia de alguna dificultad, ya en edades tempranas, pero no se les dan la suficiente importancia, precisamente, por la edad.
Con esto queremos decir que, el hecho de no poderle dar una etiqueta concreta, no implica que las dificultades no deban ser valoradas por un profesional e intervenidas, en los caso que sea necesario, indiferentemente de la edad.
En la dislexia, como en el resto de patologías, el diagnóstico temprano es la clave del éxito. Por ello, las pruebas más comúnmente utilizadas para la exploración de ésta, como TALE o PROLEC, están diseñadas para empezar a ser pasadas a alumnos de primero de primaria (6 años).
Cuando existen manifestaciones de las dificultades de aprendizaje de la lectoescritura durante el primer ciclo de primaria, antes de los 7 años, podemos empezar a trabajar a modo de prevención, para mejorar los aspectos que limitan el desarrollo de esta capacidad, a pesar de no darles un nombre.
En ocasiones, estas dificultades desaparecerán, mostrando que el niño presentó un retraso en los aprendizajes, que ya ha sido superado. Y en otros casos, se irán compensando unas dificultades pero irán surgiendo otras, según vaya incrementando el nivel de dificultad, lo que irá confirmando al diagnóstico de dislexia.
¿Pero cuál es la sintomatología que presentan los niños en edades tan tempranas? 
En edades preescolares, de 3 a 5 años, se consideras que los signos de alerta son:
  • Un desarrollo lento del vocabulario y/o retraso del habla. Generalmente, confunden palabras que tienen sonidos similares, no mantienen el orden las sílabas, etc.
  • Dificultad para seguir instrucciones y aprender rutinas. Les cuesta mantener la atención y actúan de forma activa e impulsiva.
  • Torpeza a nivel de motricidad gruesa, para saltar o correr, y en la fina, para coger el lápiz o las tijeras.
  • Dificultad para memorizar lenguaje serial como los días de la semana, los meses, el abecedario, canciones y/o los colores y las formas.
  • Retraso en el aprendizaje de la lectura. Cuesta asociar la letra escrita con el sonido escuchado, reconocer los sonidos dentro de las palabras, separar las palabras en sílabas, etc. La conciencia fonológica se desarrolla de una forma muy lenta.
En edades escolares, entre los 6 y los 12 años, podemos destacar como signos de alerta:
  • Retraso en el aprendizaje de la lectura y la escritura: invierten elementos, confunden letras, etc.
  • Dificultad para repetir palabras complejas: invierten letras, sílabas, substituyen unas por otras o las omiten.
  • La lectura está poco automatizada, es lenta y requiere de gran esfuerzo, lo que provoca una mala comprensión.
  • Muchos errores en la escritura, tanto en la ortografía como en la estructuración del texto, la planificación no es correcta.
  • Confunden la izquierda con la derecha y se equivocan con conceptos temporales como los días, las horas, meses…
  • Dificultades en conceptos matemáticos: confunden números, les cuesta realizar cálculos sencillos o resolver problemas. Presentan muchas dificultades para memorizar las tablas de multiplicar.
  • Torpeza motriz, con poca coordinación, sufren muchos accidentes. La motricidad fina está alterada y afecta a la caligrafía.
Fuente: isepclinic.es. Autora: Yolanda Vera.

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