jueves, 2 de febrero de 2017

BASES NEUROBIOLÓGICAS DE LA LECTURA Y ESCRITURA.




Las primeras descripciones clínicas de los trastornos de la lecto-escritura datan de finales del S. XX, cuando Déjerine identifica los síndromes clásicos de alexia con y sin agrafia (Déjerine J, 1892), en sendos pacientes con lesiones vasculares (infartos parietal y occipital izquierdo, respectivamente).
En base a estas investigaciones se pudo realizar una primera sistematización de las áreas cerebrales de la lectura, siguiendo un modelo conexionista, con la participación de la corteza occipital izquierda (encargada del procesamiento visual), la encrucijada témporo-parieto-occipital izquierda (integración visuo-verbal, con implicación del giro angular en la codificación lingüística y de la corteza temporal posterior en el acceso semántico) y la corteza frontal inferior izquierda (programación motora del habla). El funcionamiento articulado de estas regiones fue avanzado posteriormente por Geschwind (Geschwind N, 1965a; Geschwind N, 1965b), quien explicó la convergencia de la aferencia visual bihemisférica en la corteza occipital izquierda, desde donde la información se proyectaría al giro angular ipsilateral (“centro de las imágenes visuales de las palabras” de Déjerine, siguiendo una terminología análoga a la de Wernicke), pasando entonces a la corteza temporal posterior, y de ahí al área de Broca a través del fascículo arqueado (Catani M, 2008). Como puede verse, toda vez que la información visual alcanza el núcleo de las áreas del lenguaje (en este caso, a través de la encrucijada témporo-parieto-occipital), la información circula ya en paralelo a lo explicado para con el lenguaje oral según el modelo de Wernicke-Lichtheim -la llamada casa de Lichtheim- (Jacyna S, 2004).
Desde un punto de vista neuropsicológico, el proceso lector puede rastrearse siguiendo esta misma disposición neuroanatómica, de tal manera que partiendo del análisis visual que brinda la corteza occipital izquierda, se reconocerían las características ortográficas de las letras y las palabras (léxico ortográfico o visual), por medio de las cuales se accedería a la semántica (común a las distintas modalidades sensoriales -en el caso de la lecto-escritura, tanto al estímulo auditivo del lenguaje oral como al estímulo visual del escrito), desde donde podría operarse una activación de la fonología correspondiente (léxico fonológico), que finalmente permitiría expresar lo leído a través de los programas motores de la fonación y el habla.
Además de esta ruta clásica para la lectura (ruta léxica, también llamada transléxica o semántica), existen otros caminos alternativos que son empleados en determinadas circunstancias, como cuando leemos sin acceder al significado de las palabras (ruta léxico-fonológica o directa, por la que se activa directamente el léxico fonológico desde el visual), o al leer palabras desconocidas o pseudo-palabras (ruta fonológica, peri o sub-léxica, válida de todas maneras sólo para palabras regulares, al depender de una transformación grafológico-fonológica directa desde la aferencia visual, sin un reconocimiento lexicológico). En el día a día, toda persona emplea una u otra vía en función del tipo de palabra, sea ésta familiar o desconocida, las necesidades del momento -rapidez, precisión-, o la exigencia idiomática -lengua materna o extranjera- (Manubens Bertrán JM, 2002).
También en la escritura participan varias vías cognitivas, actuando en paralelo en función de si la palabra nos es ya conocida, y por tanto figura en el almacén del léxico ortográfico (de papel semejante al del léxico visual en la lectura), en la llamada ruta ortográfica o léxica (con o sin acceso a la semántica), o si por el contrario se trata de una palabra poco conocida o asentada en nuestro conocimiento, para cuya escritura debe primar una conversión directa ortográfico-fonológica, llamada nuevamente ruta fonológica, en este caso para la escritura.

La alteración en la capacidad para la lecto-escritura, derivada de una lesión cerebral adquirida (en sujetos alfabetizados), no suele ser por lo general completa, de tal manera que es preferible emplear los términos disgrafía y dislexia en lugar de los clásicos agrafia y alexia. Estos trastornos se pueden clasificar en función de si el problema radica en una alteración netamente lingüística (dislexias y disgrafías centrales), o bien asienta en los subsistemas aferentes o eferentes de este núcleo central de la lecto-escritura (análisis visual en el caso de las dislexias periféricas, transformación de la información grafológica en patrones motores de la escritura en las disgrafías periféricas).

DISLEXIAS PERIFÉRICAS
Son las alteraciones de la lectura debidas a una disfunción en el proceso que va del análisis visual de la información lingüística al léxico visual.

El ejemplo principal es la llamada alexia pura o, clásicamente, alexia sin agrafia, descrita en casos de lesión occipital izquierda, o bien de la aferencia desde la corteza occipital contralateral, principalmente a nivel del esplenio del cuerpo calloso (Déjerine J, 1892; Hirose G, 1977). En ellos se produce una pérdida en la conexión entre el procesamiento visual de la imagen -por otro lado correcto-, y el correspondiente léxico ortográfico, de tal manera que el proceso de lectura carece del reconocimiento lexicológico, dependiendo así de un análisis letra por letra, con la limitación funcional que esto supone. La lectura es posible, pero exclusivamente a través de una vía subléxica, por la cual se accede a la semántica de manera antidrómica, es decir, una vez alcanzado el estadio fonológico

En otras ocasiones es el mismo análisis visual de palabras y letras lo que está dañado, de manera que pueden omitirse letras al comienzo de las palabras (dislexia por negligencia, en lesiones parietales derechas -aunque anecdóticos, también se dan casos de omisión al final de las palabras-), migración de letras entre palabras vecinas (dislexia atencional, en lesiones occípito-parietales izquierdas), o sustitución de una palabra por otra de aspecto visual similar (dislexia visual -errores léxicos de tipo visual pueden aparecer en cualquier caso también en formas de dislexia profunda, o representar en realidad parafasias fonémicas-).

DISLEXIAS CENTRALES
Se trata de los trastornos adquiridos de la lectura que obedecen a un fallo en los estadios del reconocimiento lexicológico, el acceso semántico y el procesamiento fonológico previo a la producción del habla. Siguiendo el esquema anterior, se trata de síndromes clínicos cuyo sustrato etiopatogénico puede asentar en alguna de las diferentes vías para la lectura, una vez pasado el análisis visual.

Cuando la afectación reside en la vía fonológica, habitualmente por lesión en la corteza perisilviana izquierda, surge la llamada dislexia fonológica, caracterizada por una dificultad para la lectura de palabras desconocidas o pseudos-palabras (también en cierta medida la de palabras funcionales, por primar en su lectura esta vía), por no ser posible una conversión directa grafológico-fonológica, y dado que no están presentes aquéllas en el léxico visual, accesible por otra vía (Beauvois MF, 1979; Cuetos F, 1996).

La dislexia superficial acontece en aquellos casos con dificultad para la lectura de palabras irregulares, en lo que se entiende como un estrato relativamente superficial de la estructura lingüística, más relacionado con aspectos extra-semánticos (Marshall JC, 1973). Se añade una característica tendencia a la regularización de los grafemas de fonología ambigua (error de regularización), dando lugar a palabras inexistentes, lo que genera numerosos errores por omisión, adición, sustitución o translocación. Algunos autores ubican el déficit en la incapacidad para acceder al léxico por medio de una estrategia de reconocimiento de palabras completas. Se trata en todo caso de un síndrome complejo, pudiendo residir la alteración tanto a nivel de los léxicos visual y fonológico como cerca ya del mismo acceso semántico, dando lugar de esta manera a diferentes subtipos de dislexia superficial.

Por otro lado, la dislexia profunda, igualmente intrincada, se caracteriza por una dependencia de la categoría gramatical y semántica en el rendimiento lector, afectándose principalmente la lectura de verbos, adjetivos y partículas funcionales frente a la de sustantivos, palabras abstractas frente a concretas, y pseudopalabras. Se ha relacionado con lesiones múltiples a distintos niveles dentro de las vías de la lectura en el hemisferio izquierdo, aunque se ha observado también una cierta concordancia entre las capacidades lectoras preservadas en estos casos y la competencia del hemisferio derecho para con la lectura -hemisferio más capacitado para la lectura de contenidos concretos- (Beauvois MF, 1979; Caplan D, 2003).

Se describe asimismo una ceguera para el significado de las palabras dentro de las dislexias centrales, diferente de lo que sería una más periférica (o upstream) “ceguera pura para las palabras” en la alexia pura -que podría partir también de una afasia de Wernicke tipo II-; y análoga en cierta medida a la sordera para el significado de las palabras), pudiendo evolucionar desde otras formas clínicas de afasia (Manubens Bertrán JM, 2002).

DISGRAFIAS PERIFÉRICAS
Obedecen como se indica más arriba a un trastorno en la transformación de la información grafológica en patrones motores de la escritura. En este camino concurren diversos estadios intermedios, cuya disfunción ocasiona los diferentes tipos de disgrafías periféricas (Manubens Bertrán JM, 2002).

La escritura depende para su ejecución de un subtipo particular de memoria de trabajo, el llamado buffer grafémico, que permite retener los grafemas concretos que han de participar en la construcción de una palabra. Las alteraciones en este servosistema ocasionan errores por omisión o sustitución, en lo que se conoce como disgrafía del buffer grafémico.

La alteración en el almacén alográfico, donde radican las diferentes formas gráficas de las letras, genera la disgrafía alográfica, caracterizada por una dificultad en la utilización de los distintos alógrafos de una letra (mayúscula/minúscula y tipo estilístico de letra).

Una vez elegida la forma alográfica, han de activarse los engramas motores correspondientes, de naturaleza práxica, cuya alteración ocasiona la disgrafia apráxica.

La escritura debe asimismo organizarse espacialmente en el papel, conservando una horizontalidad a lo largo de los párrafos, de cuya pérdida surge la disgrafía aferente, relacionada con lesiones hemisféricas derechas.

DISGRAFIAS CENTRALES
Relacionadas con trastornos propiamente lingüísticos en la escritura, se clasifican de manera análoga a las dislexias centrales, distinguiéndose una disgrafía fonológica (por alteración de al vía fonológica, con dificultad para la escritura de pseudopalabras), una disgrafía superficial (pérdida de competencia para la escritura de palabras irregulares) y una disgrafía profunda (con alteración selectiva en al escritura de palabras con una determinada categoría gramatical y semántica, preservándose de manera relativa la escritura de palabras concretas y sustantivos frente a otras categorías).

Visto en: Neurowikia.es


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